lunes, 12 de mayo de 2008

Padre ejemplar


(clic para ver el vídeo [Youtube, 4:14])
Al cabo de los días recibimos cientos de correos electrónicos, nada como estar una semana sin encender el ordenador para constatarlo. Lo cierto es que, salvando contadísimas excepciones, la mayoría son esas intrascendentes cadenas estúpidas avisando de peligros sin fin si no las reenviamos de inmediato, otros directamente groseros, o lo que es peor, insoportables correos cursis, (bajo mi punto de vista denunciables judicialmente por exceso de almíbar).

El caso es que, cuando encuentro un mensaje como el que hallé el otro día, me reconcilio con mi ordenador, no maldigo el tiempo perdido viendo correos absurdos, y siento hermanarme con parte del genero humano, el cual daba por perdido.

Si amigos, este mensaje del que os hablo me conmovió.

Es seguro que en el deporte, más que en cualquier otra actividad humana, se concentran, tienen expresión, todos los valores positivos de nuestra especie, alguno negativo también, bien es cierto, pero estos suelen tener más que ver con su exhibición, con el comercio, o con su consumo mismo, no con su práctica.

La épica del esfuerzo, el duro trabajo en solitario, la mayor parte de las veces en competición directa con los límites de uno mismo. La disciplinada repetición mecánica; una vez, mil veces, diez mil veces, hasta alcanzar el giro, el salto, el perseguido gesto perfecto.

La concentración, la solidaridad, y después… saber digerir la alegría del triunfo, o la aceptación del fracaso.

Dick Hoyt, este es el nombre de un australiano de sesenta años, que hizo la proeza de terminar una especie de triatlón denominado Ironman (hombre de hierro) terrible prueba esta, que comienza al amanecer, y que consiste en nadar cuatro mil metros en las heladas aguas de un lago, a continuación hacer ciento ochenta kilómetros en bicicleta, y acabar corriendo una maratón de cuarenta y dos kilómetros más, ¿impresionante verdad? Ni que decir tiene que para terminar esta proeza, se requiere no solo una condición física impecable, no solo una preparación atlética fuera de lo común, además de ello la fortaleza mental es indispensable, fundamental.

Pero Dick no estaba solo, no, desde siempre tuvo la ilusión de poder competir con su hijo Rick, el cual llevaba toda la vida en silla de ruedas, debido a una parálisis cerebral de nacimiento, al parecer el cordón umbilical se enredo en su cuello y casi lo asfixia.

Este héroe, permíteme lector que le llame así, Dick Hoyt, arrastro en barca, con un arnés especial y la sola fuerza de sus brazadas, a su hijo durante el trayecto a nado. Después lo sentó en la parte delantera de la bicicleta, y pedaleo los ciento ochenta kilómetros, para seguidamente bajarse, bajarlo y montarle en una silla de ruedas, que empujo los cuarenta y dos kilómetros que coronaban la prueba.

Es muy emocionante ver el video de esta hazaña, ver este fabuloso esfuerzo convertido en un hermosísimo gesto de amor. Entren en you tube y pongan en el buscador “padre ejemplar” [video que encabeza este articulo] estoy seguro de que al terminar de verlo, se sentirán tan felices y tan emocionados como yo lo estuve.

César Segura Conde

Doy las gracias una vez más a César, el cual me mandó una vez su crónica de la San Silvestre y que ahora me descubre, con este artículo que escribió a un periódico local, una proeza que desconocía. Comentándolo el otro día con él buscábamos una palabra que definiese esto y creo que los dos coincidimos con Sobrehumano.

Me he estado documentando un poquito más y por lo visto este padre y su hijo tienen formado un equipo (Team Hoyt) y han participado en bastantes competiciones y siempre juntos.

2 comentarios:

  1. Jorge Estebaranz12 may. 2008 18:04:00

    Chet, me acabas de dejar de piedra. Estoy leyendo tu post, con mi betadine, mis agujas y algodones, reventando mis ampollas, ya que este fin de semana participé en los 101 km en 24 horas de La Legión, me sentía un tío grande, pero lo de este hombre no tiene parangón.

    Increible, que bonito, que encomiable. Lástima que los telediarios no nos cuenten más cosas así y poder sentirnos orgullosos de nuestra especie.

    Un abrazo.

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  2. Hola mi nombre es cuca, al ver esto me di cuenta que esta persona es un ejemplo de quien es imprescindible en el mundo,todos los demas somos pasablemente prescindibles mil besos cesar

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